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20 enero 2011

Eduardo III


Todo está oscuro. Azucena tiembla de frío, mira hacia todas partes pero no encuentra nada. Un bosque con todo tipo de árboles y arbustos cubre el monte. El aullido de los lobos intensifica la tensión que la abraza. Azucena no se dará por vencida. –Algo tengo que encontrar, no creo que el anciano me tomara el pelo- pensó Azucena.

Una sombra se acerca hacia Azucena, ella retrocede hacia atrás cayendo en lo alto de una piedra muy grande. Suspira. – Es sólo un perro abandonado, ¡qué susto me he llevado! – piensa. Azucena observa la piedra sobre la que ha caído,  limpia el polvo que lo recubre y encuentra una frase. Lee la frase y queda bloqueada. Azucena vuelve a leer, ésta vez en voz alta.

- ¿Alguna vez te has emocionado?

Azucena mira hacia el cielo dándole vueltas a la frase. Un enorme aullido le produce un escalofrío. Los aullidos se sienten más cerca. Una cola de viento se levanta, Azucena coge su mochila y corre hacia casa.

14 enero 2011

Eduardo II

2.

Los rayos entran a través de la ventana, Azucena se tapa con las sábanas y de repente recuerda lo que le dijo aquel anciano. Da un salto de la cama y comienza a vestirse. Aún tiene que comprar todo lo que le dijo mamá. Vuelve a su habitación y comienza a estudiar mientras escucha Love of Lesbian.

No puede concentrarse. - ¿Tú crees en la Navidad? ¿Alguna vez has analizado la actitud de las personas en esta época? Te propongo algo jovencita, mañana a las 12 de la noche, noche de luna llena, si vas al monte que hay detrás de estos bloques podrás descubrir algo que te cambiará la vida- dijo Eduardo.

Azucena no podía parar de darle vueltas a lo que le había dicho el anciano. Pero le era imposible ir, tenía examen al día siguiente. Azucena era una chica de sobresalientes, aunque siempre estudiaba todo el día de antes como decía su madre.

Las doce se acercan y Azucena no sabe qué hacer. - No puedo perder ésta oportunidad, estos misterios no están a menudo en nuestras vidas… - pensó. Se levantó de un impulso de la silla, cogió su abrigo y emprendió la marcha hacia el monte que el anciano había citado.

11 enero 2011

Eduardo


...Suena la música en la habitación, conforme se va acercando la música asciende. Abre la puerta y allí está ella...




Érase una vez una chica en una habitación, en una ciudad, en una comunidad, en una península, en un continente, en un planeta, en un sistema solar, en una galaxia... 

Ella era Azucena, pero sus amigos le llamaban Azu. Tenía mucho mucho que estudiar, ya que estaba en plenos exámenes.

1.

-    Hoy me he estudiado todos los huesos y músculos, tengo la cabeza que me va a estallar- le dijo a Lili, su mejor amiga.

Lili en cambio no la estaba escuchando, estaba embobada hablando con sus ochocientos mil contactos a la vez, aún así le devolvió una de sus dulces sonrisas.

Azucena despertó de la siesta, el reloj no había sonado a su hora o quizás ella lo hubiera cortado entre sueños y ahora tenía menos tiempo para estudiar. Se levantó corriendo, tomó algo de merendar y se sentó en su escritorio para estudiar como una loca. Delante suya estaba la ventana por la que observaba a menudo cada movimiento, cada detalle.

Estaba recitando las partes del oído interno con la mirada perdida cuando de repente algo le deslumbró la cara a través de la ventana. Miró a la calle y allí estaba un anciano de 80 años, luchando con una linterna que parecía nueva. Azucena soltó el libro en la mesa y bajó a su portal a echarle una mano al anciano.

-          Buenas tardes señor le he visto desde mi ventana-Azucena señala su ventana con la mano- y he pensado que quizás necesite ayuda.
-          Hola, soy Eduardo aunque todo el mundo me conoce por “Edu”, primeramente Feliz Navidad señorita.
-          Ups! Ehm… gracias pero… no es Navidad…
-          Bueno sí, lo sé, pero a mí me gusta pensar que siempre es Navidad, prefiero pensar que la ilusión y las ganas de repartir amor dura algo más que unos cuantos días. A lo que iba, estaba poniéndole las pilas a mi nueva linterna ¿te gusta?