11 enero 2011

Eduardo


...Suena la música en la habitación, conforme se va acercando la música asciende. Abre la puerta y allí está ella...




Érase una vez una chica en una habitación, en una ciudad, en una comunidad, en una península, en un continente, en un planeta, en un sistema solar, en una galaxia... 

Ella era Azucena, pero sus amigos le llamaban Azu. Tenía mucho mucho que estudiar, ya que estaba en plenos exámenes.

1.

-    Hoy me he estudiado todos los huesos y músculos, tengo la cabeza que me va a estallar- le dijo a Lili, su mejor amiga.

Lili en cambio no la estaba escuchando, estaba embobada hablando con sus ochocientos mil contactos a la vez, aún así le devolvió una de sus dulces sonrisas.

Azucena despertó de la siesta, el reloj no había sonado a su hora o quizás ella lo hubiera cortado entre sueños y ahora tenía menos tiempo para estudiar. Se levantó corriendo, tomó algo de merendar y se sentó en su escritorio para estudiar como una loca. Delante suya estaba la ventana por la que observaba a menudo cada movimiento, cada detalle.

Estaba recitando las partes del oído interno con la mirada perdida cuando de repente algo le deslumbró la cara a través de la ventana. Miró a la calle y allí estaba un anciano de 80 años, luchando con una linterna que parecía nueva. Azucena soltó el libro en la mesa y bajó a su portal a echarle una mano al anciano.

-          Buenas tardes señor le he visto desde mi ventana-Azucena señala su ventana con la mano- y he pensado que quizás necesite ayuda.
-          Hola, soy Eduardo aunque todo el mundo me conoce por “Edu”, primeramente Feliz Navidad señorita.
-          Ups! Ehm… gracias pero… no es Navidad…
-          Bueno sí, lo sé, pero a mí me gusta pensar que siempre es Navidad, prefiero pensar que la ilusión y las ganas de repartir amor dura algo más que unos cuantos días. A lo que iba, estaba poniéndole las pilas a mi nueva linterna ¿te gusta?

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