01 febrero 2011

Marina y una capa


(Suena en el Mp3 de Marina)


Era un día normal. Despertó de entre las sábanas con el olor fresco que había dejado él. Era tarde y aún tenía que terminar las tareas antes de hacer el último examen. Aún no había comprado el billete de bus para marchar más tarde.

A las 7 Marina prepara las cosas para coger el autobús que para cerca de su casa. Lo espera en la parada, conforme pasan los minutos van llegando más personas a la parada. Un chico que acababa de llegar centra su mirada en ella, ella le devuelve la mirada ya que se siente observada. Es un chico alto, delgado, se podría decir que “escuchimizado” con dos característicos aros de plata en la oreja. Marina mantiene la mirada en la carretera esperando ver de lejos al autobús. Se sigue sintiendo observada por el chico de los aros de plata, ella le devuelve la mirada intentando ganar la batalla.

El autobús se acerca. Marina coge su maleta y monta en el autobús. “Hola” – saluda al conductor como todas las veces que monta. En cambio, casi nadie lo hace, todo el mundo accede sin saludar, sin relacionar su vida con los demás, cada uno sigue su camino, como si fueran máquinas automatizadas.

Se sienta en unos de los asientos bajos para así sujetar a la misma vez la maleta. El autobús va vacío por el momento. En las siguientes paradas sigue subiendo gente. Una señora un poco hortera. Una señora que no para de hablar por teléfono. Y entre otros, destaca un pequeño señor, excesivamente delgado, muy moreno de piel que anda hablando sólo, se acerca por el pasillo hacia Marina, mira el asiento que hay vacío enfrente de ésta y se sienta. El anciano no para de hablar sólo y quejarse. “Vaya mierda, me cago en…” – replica el anciano mientras intenta subir el posabrazos que estaba a mitad dándole golpes con el brazo. Marina se siente incómoda y mira por la ventana. El anciano sigue quejándose. Marina continúa mirando a cualquier otro sitio menos adonde estaba el anciano para evitar que le diga algo o se meta con ella, en un descuido Marina fija la mirada en el anciano y lo analizada de arriba abajo. El anciano tiene la mirada perdida y menos dientes de lo esperado. No parece tan malo en el fondo, parece un hombre indignado con las nuevas tecnologías y con la vida – piensa Marina.

Marina llega a la estación. Mientras espera al autobús que le llevará a su pueblo observa a la gente que anda por allí.

-         Hola, ¿qué tal? ¿cómo te llamas? Mmm… - pregunta una anciana con pinta de loca y con una enorme sonrisa en la cara a una chica que había detrás de Marina. La anciana empuja a una silla de ruedas vacía, el poco pelo que tiene lo tiene alborotado. Con tres o cuatro dientes sonríe a todo el mundo y le hace preguntas de su vida para acabar pidiéndole un euro. Marina se da la vuelta intentando que no le toque a ella.

Mantiene la mirada en el fondo del pasillo esperando ver al conductor llegar para así entrar cuanto antes al autobús, hace demasiado frío. Un hombre con una capa casi hasta el suelo se acerca al autobús. Marina queda atónita. Valientes personajes se encuentran por aquí- piensa. El hombre es un anciano de unos sesenta y siete años, gordo, bajito, con calva y una melena blanca que casi le cae sobre los hombros. Tiene una gran joroba. Porta una elegante capa. Se acerca al autobús fumando. Marina lo mira de reojo asustada. Este hombre tiene pinta de estar loco y creerse un superhéroe o algo- piensa.

El conductor llega y todos suben, Marina se pone en la cola que nunca es cola, sino un cúmulo de personas en la puerta por la que entra el primero que empuje y se agarre a la barandilla interior del autobús. Marina pega un saltito y sube, se sienta y se acomoda observando con cada detalle a las personas que van entrando al autobús. Suelta la mochila en el asiento de al lado para intentar que las personas que no le han hecho mucha gracia se sienten a su lado.

El hombre de la capa entra, y se para en el pasillo justo delante de Marina, mira al señor que está sentado y le pregunta.

-         Perdone señor, ¿está ocupado?
-         ¿What? – responde un señor de unos 30 años, con gafas y pinta de inglés.
-         Disculpe, ¿está libre?
-         Oh…¿what? – el inglés no entiende lo que le está diciendo el hombre de la capa pero señala el asiento con el dedo.
-         Ah que no… ¿bueno está libre no? – el hombre de la capa señala con el dedo el asiento libre mientras el inglés le afirma con la cabeza.

Por fin el anciano tiene su asiento. Se quita la capa y la dobla lentamente, la coloca en la bandeja de arriba. Después se quita la bufanda y la coloca también junto a la capa. Se ajusta el traje que lleva y se da cuenta que está taponando el pasillo.

-         Uy, disculpe no me había dado cuenta de que… - dice el anciano a una señora que estaba esperando para llegar a su asiento.

El autobús se pone en marcha. Marina observa al anciano con la capa y se da cuenta que bajo ella hay un anciano un tanto normal y con parecido a chiquito de la calzada. Durante el viaje el anciano hace algunos comentarios que le recuerdan a chiquito. Se ve un hombre con rasgos viajeros.

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